Mighty Nº 9 nos cuenta el oscuro relato del crowdfunding

julio 7, 2014 en Actualidad, Destacado, Indie por Adictos al Píxel

Desde hace relativamente poco tiempo, el universo del videojuego se ha visto revolucionado por las capacidades del sistema crowdfunding. Por primera vez, los pequeños estudios creativos podían entrar en contacto directo con sus futuros consumidores, para conseguir la financiación necesaria para el desarrollo y publicación de sus proyectos. Un sistema novedoso y reluciente, que eliminaba toda clase de sangrantes intermediarios y permitía una oportunidad a los equipos más humildes de esta industria.

 Mighty Nº 9

Sin embargo, la brillantez de este método de financiación y soporte no siempre reluce por su ética, y son muchas las ocasiones en las que somos testigos del lanzamiento de proyectos de una manera algo más que provechosa. El último ejemplo lo podemos encontrar en el popular Mighty Nº9 (obra del maestro Keiji Inafune), que tras superar todos los récords de financiación colectiva, vuelve a recoger donaciones para el desarrollo de mayor contenido. Pero ¿qué hay de malo en todo esto? Permitidme que os ilustre con un pequeño relato

La esperanza que se convirtió en herramienta de negocio

Érase una vez, en el atormentado reino de la industria del videojuego, los grandes juegos vivían esclavizados entre los principales estudios y distribuidoras, que acaparaban todos los beneficios gracias a su enorme poder de distribución.

En este oscuro y repetitivo mundo, para que un título consiguiera salir a la luz, tenía que enfrentarse al enemigo más duro y devastador de todos los tiempos: los estudios de mercado. Unos equipos de asesores y administrativos, que armados con tablas y estadísticas de mercado, conseguían degollar la originalidad de nuevos proyectos, para alimentar con su sangre a numerosas secuelas de los formatos más habituales. Bajo el yugo de su implacable arma, el reino del videojuego consiguió atesorar el mayor número de beneficios en su historia, a cambio de convertirse en una oscura dictadura de formatos y géneros.

Mighty Nº 9

Pero dentro de toda esta oscuridad, un día la esperanza llegó a los habitantes del reino en forma de crowdfunding: una reluciente arma que permitía a los juegos más desconocidos, eliminar a los temibles filtros de las distribuidoras y conseguir el éxito por medio de su propia capacidad de lucha.

Sin embargo, el arma que liberó a los estudios más pequeños y humildes, no tardó en llamar la atención de los grandes líderes de las casas dominantes, que al ver como se escapaban de sus manos multitud de ganancias, decidieron realizar lo impensable: abandonar las casas donde habían conseguido todo y utilizar su experiencia unida al crowdfunding para alcanzar los mayores beneficios.

De esta manera, el arma que consiguió la  libertad a los habitantes más pequeños, se convirtió en un medio imparable en manos de los antiguos señores del videojuego.

La diferencia moral entre la necesidad y la avaricia

Abandonando el mundo de los cuentos, es imprescindible conocer las principales diferencias y objetivos del crowdfunding. Una plataforma que nació como única vía de conocimiento para los equipos más desconocidos, que ahora se utiliza de la manera menos indicada. Para ilustrar un poco mejor el concepto, pasemos a poner un ejemplo un poco más realista:

Mighty nº9

Imaginad por un momento que eres un gran aficionado al la literatura fantástica y tu sueño es ser escritor. Por supuesto, para que tu propia obra llegue a las estanterías de medio mundo, es necesario que un empresario/editorial apueste dinero en tu proyecto para que todo salga adelante. Normalmente, estos intermediarios son de sobra conocidos por sus elevados porcentajes de beneficios, sin embargo, es cierto que ellos cargan con el riesgo de lanzar tu idea en adelante. Con el crowdfunding, tu sueño de ser escritor ya no necesita la aprobación de un editor, sino que muestra al público su propio potencial y no esta ligado a grandes pérdidas en caso de fracaso.

Ahora cambiemos de roles y nos trasformaremos en George R.R. Martin (escritor de la afamada saga literaria Canción de Hielo y Fuego). Si con todo el éxito de nuestras anteriores obras nos presentamos ante una editorial para describirles un nuevo proyecto, cargado con más fantasía, pechos al aire y giros de guión, ¿qué resultado encontraríamos? Seguramente los editores de medio mundo competirían a muerte para entregarnos todo el dinero que necesite el proyecto.

Mighty nº9

Es cierto que en el segundo caso el éxito de el autor es totalmente merecido, sin embargo, si para su nuevo proyecto decidiera fomentar un crowdfunding, no estaría buscando la manera de darse a conocer entre el público que ya lo adora, sino que está detrás de ahorrarse todos los porcentajes de intermediarios para agrandar sus arcas de beneficios. ¿Se nota más la diferencia?

¿Por qué parar si podemos seguir creciendo?

Una vez aclarados todos los aspectos, podemos recuperar el objetivo principal de nuestro artículo, y centrarnos en el último estado de desarrollo de Mighty Nº 9.

Para todo aquel que haya estado algo perdido en la historia, Mighty Nº 9, es el nombre del nuevo gran proyecto desarrollado por Keiji Inafune, que después de llegar a lo más alto en su trayectoria dentro de Capcom durante 23 años de duro trabajo en sagas como Megaman, Onimusha o Dead Rising, abandona su cómodo puesto de trabajo dentro de la distribuidora para formar Concept: su propio estudio de desarrollo independiente.

Mighty nº9

Como era de esperar, su primer proyecto en solitario se desarrollaría en torno a su icónica saga Megaman, que aunque su licencia estaría bloqueada en los despachos de Capcom, renacería en un sucesor espiritual que trasmitiera la misma jugabilidad frenética que el público tanto reclamaba. De esta manera, a mitad del año 2013 el proyecto de Kickstarter no solo conseguiría los 900.000 dólares que solicitaban para su lanzamiento, sino que fue respaldado con una cifra 4 veces superior a la marcada, pasando los 3,8 millones de dólares.

Tras este imparable respaldo mediático, se entiende que Inafune no tiene ninguna clase de obstáculo para el lanzamiento de su proyecto y podría finalmente lanzarse a desarrollar el producto. Sin embargo, y como nos contaría el mismo durante su aparición por el reciente GameLab, recibir tal cantidad de dinero no supone ninguna presión adicional (llegando a decir “cuanto más mejor” entre risas). Así que ¿por qué detener la máquina de dinero?

Una vez más, durante la feria Anime Expo 2014, Mighty Nº 9 no sólo demostró su estupendo estado de forma con el anuncio de una futura serie de animación, sino que además se anunciaría la apertura de un nuevo proceso de donaciones para el proyecto con Paypal, con el fin de ofrecer nuevos contenidos extras para el título, y según el autor, dar la oportunidad a todos aquellos que no pudieron participar a tiempo.

¿Realmente es necesario continuar respaldando el proyecto para terminar de completarlo? Nadie duda de que el próximo juego sea espectacular, pero después de alcanzar 4 veces su presupuesto inicial ¿han llegado al tope para tener que solicitar más dinero a cambio de novedades? ¿O es que no son capaces de mostrar lo mejor de sí sin dinero de por medio?

Una larga sombra dentro del crowdfunding

Tampoco vamos a centrar toda la negatividad en torno al proyecto de Inafune. Antes de su decisión, otros proyectos como Broken Age llenaron las arcas de Tim Schaffer, y el exitoso Star Citizen ya ha superado la barrera de los 47 millones de dólares. Aunque este artículo pueda arremeter contra todas las bases de la financiación colectiva, no podemos evitar darnos cuenta de que es el propio consumidor el que inicia toda esta cadena de realimentación, gracias al hype de cada proyecto.

Para el consumidor, los beneficios de este sistema le ofrecen la posibilidad conseguir los títulos que despierten su interés por un precio menor al acostumbrado, con el añadido de sentirnos responsables de su crecimiento y desarrollo. Pero no podemos olvidar que estamos pagando por títulos por adelantado.

Por muy atrayente que sea el concepto, cada vez que respaldamos un juego no tenemos la garantía de recibir lo pagado. Es cierto que según las condiciones de las plataformas, cada puja tiene ligado una recompensa marcada, pero más allá del término, el juego puede acabar resultado totalmente distinto al esperado, con unos desarrolladores sin la presión de mejorarlo para poder cobrar.

No hay más que ver la proliferación de una multitud de juegos en estado beta e incluso alfa, que potenciados por los pagos por adelantado, ofrecen un producto de pago de pésima calidad, con un lento proceso de desarrollo, que en ocasiones no llega a terminarse.

Además de estos posibles problemas de desarrollo, podemos llegar a encontrarnos con la aparición de amantes de última hora: grandes empresas que tras ver la rentabilidad del proyecto, deciden invertir el resto necesario, para adueñarse con el concepto y recibir gran parte de los beneficios generados. Una maniobra algo escabrosa, que ya nos mostró Facebook con la compra de Oculus Rift, o la reciente adquisición de Project Cars por Bandai Namco.

Mighty nº 9

Es una lástima que los crowdfunding acaben siendo marcados tan negativamente por hechos como los mencionados hasta ahora. La financiación colectiva es en muchos casos la única herramienta para que pequeños estudios salgan del anonimato y ofrecer un poco de aire fresco dentro de la industria. No obstante, cuando cualquier gran nombre del sector sale a la palestra apoyado en plataformas como Kickstarter, no está buscando el apoyo para lanzar un proyecto de otra manera inviable, sino de buscar los mayores beneficios evitando intermediarios. ¿O es que alguien realmente cree que Inafune no hubiera podido hacer un juego digital de Megaman dentro de Capcom?