Mighty Nº 9 nos cuenta el oscuro relato del crowdfunding

Desde hace relativamente poco tiempo, el universo del videojuego se ha visto revolucionado por las capacidades del sistema crowdfunding. Por primera vez, los pequeños estudios creativos podían entrar en contacto directo con sus futuros consumidores, para conseguir la financiación necesaria para el desarrollo y publicación de sus proyectos. Un sistema novedoso y reluciente, que eliminaba toda clase de sangrantes intermediarios y permitía una oportunidad a los equipos más humildes de esta industria.

 Mighty Nº 9

Sin embargo, la brillantez de este método de financiación y soporte no siempre reluce por su ética, y son muchas las ocasiones en las que somos testigos del lanzamiento de proyectos de una manera algo más que provechosa. El último ejemplo lo podemos encontrar en el popular Mighty Nº9 (obra del maestro Keiji Inafune), que tras superar todos los récords de financiación colectiva, vuelve a recoger donaciones para el desarrollo de mayor contenido. Pero ¿qué hay de malo en todo esto? Permitidme que os ilustre con un pequeño relato

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Broken Age es un auténtico agujero sin fondo

El ambicioso proyecto de aventura gráfica desarrollado por la compañía Double Fine, gracias a una multitudinaria financiación por medio del crowdfunding, ha conseguido lo imposible dentro de la industria del videojuego: reconocer que cuando pides financiación para desarrollar un juego, puede que conseguir 8 veces más dinero del que solicitas no sea suficiente para cumplir tu parte del trato.

Proyecto Broken Age

 

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The Last Door nos muestra la grandeza del horror pixelado

Si hay algún género que claramente se ha visto beneficiado del auge de los estudios independientes, ese ha sido los juegos de terror. En una industria donde las grandes distribuidoras han ido diluyendo el horror con trazas de acción y disparos, aún existen pequeños equipos de desarrollo, que se mantienen fieles a la causa, creando grandes títulos que nos inquietan en nuestro asiento.

The Last Door

Grandes ejemplos de este nuevo rumbo pueden ser títulos como Amnesia: The Dark Descent, o el propio Slender : The Nine Pages, donde con grandes recursos de escenografía y ambientación consiguen que pasemos un rato realmente angustioso. Pero ¿podría desarrollarse las mismas sensaciones sin recurrir a potentes gráficos?¿es posible un buen juego de terror con un estilo pixelado? The Last Door nos demuestra que es posible.

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